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Justine, Balthazar y Mountolive son tres dimensiones del mismo mundo alejandrino, de la misma ilusoria realidad. Clea, en cambio, es la secuela que proporciona una dimensión temporal. Mnemjian, el barbero, llega a la isla, portador de un mensaje d Nessim. Darley regresa a Alejandría. La ciudad está en plena guerra. Pero Clea, casi desconocida, lo aguarda. Así se cierra el cuarteto con una historia de amor paralela, en cierto modo, a la historia de la creación artística. Concluye, como una sinfonía para anunciar el múltiple eterno despertar del universo heráldico en que también el lector participa: pues como afirma Pursewarden, el lector es el poeta, todos somos poetas: la estatua debe desprenderse del torpe bloque de mármol que la aloja y empezar a vivir.
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