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Iván Bunin, premio Nobel en 1933, exiliado después de la revolución de octubre, muerto en Francia en 1953 a los ochenta años, continúa en su obra la senda del gran realismo ruso, aunque infundiéndole el sesgo particular de su ideología aristocratizante y su visión nostálgica de la campiña y la aldea rural. Precisamente Una aldea, su novela de 1909, condensa estos rasgos: una escritura perfectamente elaborada y madura para la representación de un conflicto signado por la sordidez, la ignorancia y la estrechez. La vida y las pasiones mezquinas - el dinero, la descendencia, la herencia, la ambición - son los temas básicos de esta obra, considerada unánimamente como un nexo entre la tradición literaria decimonónica y la literatura rusa de las primeras décadas de este siglo.
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