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PRÓLOGO DEL AUTOR
Estimados lectores:
Traté de reunir, en este libro, textos que de alguna manera dibujaran los distintos planos del aparato psíquico y que, consecuentemente, reflejaran los diversos estados mentales a través de los cuales el ser humano transita en tanto vive.
Los temas elegidos, en esta oportunidad, fueron aquellos ante los cuales el hombre de todos los tiempos ha debido casi resignarse, al reconocerse incapaz de explicarlos mediante la sola luz natural de la razón, sin el auxilio de la fe: el Ser Supremo y el Amor, lo suprasensible, la esencia y la existencia, el mundo psíquico, el tiempo y el espacio, la pluralidad de las formas, la finitud de las mismas… Tales y más fueron las inquietudes que han ido dándoles substancialidad a los textos que ahora les presento; aunque, sólo buceando en las profundidades de los mismos, podrán, ustedes, dilucidar el intrínseco e implícito mensaje que este libro conlleva.
Ésta no es una de esas obras en donde los acontecimientos relatados aparecen cronológicamente ordenados; casi no es lógicamente secuencial; no obstante, he tratado de organizarla de manera tal que, siguiendo linealmente su lectura, puedan, lectores, ser guiados por un imaginario hilo conductor a través de un cierto acomodamiento lógico en el espacio-tiempo de los hechos y situaciones narrados.
De los sueños y Del amor es el producto nacido de mis sensaciones, sentimientos y emociones provocados por quiméricas experiencias oníricas y sentimentales.
De los recuerdos, y también Y de quienes que ya no están, es parte de mi vida real, concreta. En este capítulo describo y narro, respectivamente, paisajes y hechos verídicos.
De los sueños revela una realidad onírica supuestamente inconexa a la realidad consciente; aunque, no en su íntima esencia; pues que, aunque aparentemente incompatibles (por mandato del Super-yo), ambas realidades se encuentran ineluctablemente ligadas por las inexorables pulsiones del Ello.
Del amor caracteriza situaciones de amores truncados, prohibidos, imposibles…, en las cuales el sublime sentimiento amoroso sobrevive siempre en lo más profundo de tales experiencias; indestructible, aunque el mundo se detenga o se parta en pedazos.
De los recuerdos intenta mostrar las más relevantes impresiones sensoriales, las imágenes más significativas grabadas en mi memoria desde mi infancia.
Yo hubiera querido, en este apartado, extenderme muchas páginas más, para que ninguna situación o personaje quedaran fuera (porque cada persona y cada situación en particular son realidades únicas e irrepetibles en toda la historia del universo); pero, como pretender aquello es poco menos que imposible, encontrarán en dicho capítulo sólo lo que consideré más significante.
He intentado animar esos relatos (generalmente nostálgicos, melancólicos o tristes), intercalando de tanto en tanto -cuando el hilo conductor me lo ha permitido- algún episodio hilarante; sólo para darles a los varios grises un touch de luz; porque -como escribe W. G. Wéyland en su libro titulado El chalet de las ranas-, la nostalgia es una forma de tristeza que, como una pátina, el tiempo deposita en el ánimo y se compone del sentimiento creciente de la fugacidad de la vida, de aspiraciones insatisfechas, de sueños sin realizar y del perfume de un pasado irrecuperable.
Y de quienes ya no están enfrenta al lector con uno de los problemas mayores de la filosofía especulativa: el metafísico (Problemas del ser, del hombre, del cosmos y de Dios). Por un lado, obligándonos a reflexionar acerca de qué es el ser y cuáles son sus cualidades esenciales (metafísica general u ontológica).
Y por el otro, persuadiéndonos a investigar qué es lo que hay allá afuera, en el abismo sideral (cosmología). En qué reside la capacidad vital del hombre? De qué está constituido? Tiene alma? Y si la tiene, de qué manera se une ella con el cuerpo? Cuál es la razón o propósito de su existencia…? (antropología filosófica). Y de Dios, que existe, desde la sola realidad de que tiene existencia en las mentes de aquellos que han podido concebir la idea de él. Y que de allí, nadie podrá quitárnoslo (teodicea).
Todo aquello, en el intento de encontrar las Verdades Últimas, la Causa Primera por la cual somos y existimos en el abismo cósmico. De entender el milagro del Amor, y de transitar sabia e inteligentemente, hasta el final, el paisaje terrestre, sin detenernos en las supuestas oscuridades de la realidad objetiva y eventuales miserias y aparentes injusticias y fatalidades de este mundo de barro. Comprendiendo que nada de lo creado puede ser destruido definitivamente, sino que todo es transformado. Porque todo lo que hay es energía.
Porque no debe haber sobre la faz de la tierra un solo ser humano que, al menos una vez, no se haya sentido conmovido ante la absurda realidad del suspenso absoluto, de no ser más, de la no existencia, de la nada..., y ante el inefable vacío al cual debe luego hacerle frente, sin que aparezcan entonces aquellos interrogantes: qué somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos... [La abierta oscuridad de ese inefable vacío me obliga a seguir buscando respuestas que nunca encontraré.]
Por todo aquello que más arriba escribí, por la angustia existencial que semejante introspección provoca, intentaré, con Municoy cuenta todo, conjurar el daño secreto y sutil que nos inflige. Incitándolos a reflexionar acerca de la razón de ser (en tanto ente cósmico) y de existir (en tanto sujeto-persona) en este plano físico casi maravilloso (porque más allá de los circunstanciales paisajes grises que la vida ocasionalmente impone y de las aparentes oscuridades de este mundo de barro, el universo sigue siendo luz). Que redescubran quienes son y hacia dónde quieren ir. Con solo lograr que me permitan ayudarlos a dar aunque sea un paso hacia ese lugar, me doy por satisfecho.
Julián Municoy Hunt
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